Friday, June 12, 2009

Expectativas

Lo que sucede con las relaciones entre las personas es que al irse conociendo se van creando expectativas. Al inicio es imposible saber qué esperar, pero con el tiempo se pueden adivinar ciertas respuestas a situaciones dadas. También sucede que se va adquiriendo la confianza de pedir lo que se desea y crecen las expectativas.
Sucede en las amistades, en los noviazgos, incluso hasta en las relaciones laborales. Hay ciertas personas de las que esperamos más que de otras y ciertas otras que nos sorprenden. Yo comienzo a tener expectativas de Meztli y hasta de Michelle, pero sobre todo de Eduardo. Espero ciertas atenciones. Y creo que él ya va notando cuando me estoy empezando a sentir "abandonada". Me gustaría realmente que para mi fuera tan facil como tener sexo sin amor, pero creo que con él no puedo, me parece tan extrañamente facinante que no amarlo queda fuera de la ecuación.
Y entonces suceden cosas raras. Cosas como una semana de vernos y hablar poco, que se remata con un día entero de pasarla juntos en las actividades más encantadoramente geeks del universo. Un domingo familiar aderezado de Star Trek. Y me derrito. Y llega el lunes y muero ya por verlo, pero no hay forma. Y el martes, mientras comenzaba a escribir una carta con las mil razones por las cuales habría que intentar dejar esta relación en nivel de amistad platónica una vez más, recibo una llamada y más tarde otra y se completan tres a lo largo del día. Y entonces estuve a punto de arrancar la hoja y tirar la carta a la basura y darme de topes porque es obvio que yo una relación platónica con él nunca más voy a volver a tener.
Entra en escena Pablo. Pablo es un amigo de mil años que ahora pasa muchas horas conmigo. Anda arrastrando la cobija por su próximo divorcio y quiere que lo "enseñe a ligar." Nótese aquí el cue para "coge conmigo por compasión sin que te importe un bledo enamorarte". Y él no tiene ni idea que yo ahorita no podría coger con ningún otro hombre, porque TODO en mi grita intensamente el nombre de Eduardo. Mis poros destilan ansiedad por el cuerpo de Eduardo y si Casandra supiera que siento esto me mandaría a la mierda y de regreso, tres veces seguidas.
Así pues noche sí y noche también, Pablo me invita a salir. Habla horas de cuánto le gustaría besarme y que le enseñara a ligar con equis y ye mujeres, y luego me da sus "consejos" para ligarlas yo. A mi termina por darme ternurita y con tal de no regresar a casa acepto la invitación de tacos y cervezas, incluso entre semana.
El martes llegué a casa, sintiéndome una Diosa de la decencia por haber logrado esquivar con tal destreza todas las insinuaciones de Pablo, pero sobre todo llegué sintiendo las terribles ganas de que avanzara el día más rápido para ver a Eduardo. En realidad, a veces siento que podría conformarme sólo con verlo y verlo y verlo. Así que impulsada por el alcohol y las ganas de vaciar mi corazón le escribí un mail, lo más dulce que pude permitirme.
Me fui a dormir y al despertar revisé mi correo de regreso. Y ahí estaba, por primera vez una respuesta decente que podría hacerme sentir ligeramente correspondida. En realidad, fue una respuesta que me ha dejado como gata complacida por lo menos para cinco días. Tres llamadas y un mail! Y para rematar ese día lo vi, en plan familiar.
Hemos salido con unos amigos a llevar a nuestros chiquitines al parque. Terminamos cenando en su casa y pude platicar más tranquila también con Michellen(bueno, es que de verdad estoy intentando conquistar a esta mujer, y me siento clueless).
Cuando todavía estábamos en el parque, recibí un mensaje de móvil por parte de Meztli. "¿Dónde está la comuna ahorita? Podría usar un poco de compañía." Independientemente del descaro de tal pregunta, me pareció enternecedor que fuéramos su opción para buscar refugio. Meztli no tiene idea de que cada día, poco a poco, pasivo-agresiva o no, se va volviendo importante en mi vida.
Al llegar a cenar a casa de Eduardo ella ya estaba allí. Fue un poco penoso para mi con los amigos negarles el ofrecimiento de regresarme a mi casa. Ellos no tenían idea de que me quedaría a dormir con Eduardo y Michelle eas noche, ni mucho menos imaginarían todas las cosas que pasan en nuestras noches. Pero Meztli sí que lo sabe y decidió (con un poco de insistencia de mi parte) extender su estadía más allás de la media noche.
Conforme fue transcurriendo la velada, nos quedamos en el sillón frente a la gran pantalla en la sala de tele, solo Meztli, Eduardo y yo. Veíamos unas fotos e imágenes varias que ella quería compartirnos, pero poco a poco se fue tornando en un mal pretexto para no irse. Y parecía que ninguno de lo tres podía expresar lo que queríamos o esperábamos que sucediera esa noche. Eduardo tomó mis manos y las llevó a su entrepierna como suele hacerlo sin reparo. Y acto seguido se dedicó a las tetas de Meztli. Me excita verlo. Me excita sentirlo emocionado. Me excita acariciarlo y últimamente todo parece indicar que me excita ser su moqueta, felpudo, tapete, whatever...
Es evidente que mi formación feminista se incrusta y aparece en los momentos más inapropiados en la vida. El punto es que no me agradó sentirme simplemente objeto de placer, sin ser sujeta receptora como contraparte equitaiva del intercambio sexoafectivo, o lo que es lo mismo, si no me pelan, como por qué estaría yo allí dando a manos llenas. La parte compersiva del asunto diría que eventualmente, Meztli tomaría mi lugar en la entrepierna del señor y yo me convertiría en la parte receptora y que al ver todo el placer que les da sentirse tan amados yo debería volverme loca de éxtasis y placer por darles tanto cariño. Sin embargo, soy realista y reconozco hasta dónde puedo esperar y comparo mis expectativas ideales con las reales.
En pocas palabras: morí de celos y si estaba tan a gusto con las tetas de la otra, yo bien podía proceder a lavarme los dientes como efectivamente lo hice y despedirme para ir a dormir. No esperaba que el efecto fuera a ser que ella quisiera irse a su casa, pero tampoco voy a engañar a nadie diciendo que me molestó que se retirara. Me siento mal, involuntariamente pongo a Eduardo en la posición de tener que escoger con cuál quiere estar, pero no empecé yo. Es muy difícil sentir que todo el tiempo camino sobre hielo delgado tratando de no romper el equilibrio, ni los sentimientos de nadie.
Por la mañana fue aún más penoso, ya que Eduardo me preguntó directamente si me había molestado que jugara con las bubis de Meztli y si por eso no había yo querido seguirlo acariciando. Pero no pude decir nada. No pude explicarle cómo piensa mi cabeza en momentos de estrés. Sólo atiné a explicarle el motivo de mis celos: "no te veo a solas más que dos horas a la semana y tengo que compartir tus atenciones con otra, lo siento, pero no puedo." Me sobrepasó. Creo que no me había pasado tan fuerte como hasta ese momento.
Hace tiempo atrás hablé de las expectativas. Me expliqué a mi misma que no podía tenerlas, pero las tengo. Espero atenciones que sean sólo para mí, momentos que sean sólo para mí, situaciones en las que yo pueda ser plenamente y feliz y pequeños ratitos en que sólo sea yo la que importe, el resto del tiempo me puedo fundir con las sombras, ser parte del mobiliario, lo que sea, pero primero necesito tener mis momentos sólo para mi.
Hay días en que simplemente supera mis expectativas: de pronto aparece en el messenger cuando no le espero, me sorprende con un mensaje en el momento en que he perdido la esperanza de que se acuerde que existo. Dice que me quiere o me manda un beso cuando yo pienso que ni me extraña, me invita al cine, hace tres llamadas, o finalmente después de dos meses se digna a contestar un mail. Son esos los momentos con los que quiero quedarme, creo que para todos los demás, para aparecer de sorpresa afuera de mi trabajo y para las cenas, para ser soporte emocional en momentos de tribulación, existe Pablo. Para hacerme compañía cuando estoy a solas, y para llenar mi agenda desesperantemente vacía. Casandra viene este fin, espero se llene mi agenda.
En cuanto a lo que opina Casandra de todo esto... luego hablamos...

Thursday, June 11, 2009

Polinfiel... Poly infiel

Ella says:
pues lo siento mucho, pero si no le dices tu le digo yo, porque no es justo que el par de cabrones se la pasen con madre y yo tenga que estar aquí dándote la parte emocional
Yo says:
ja ja ja
Yo says:
en eso tienes razón
Ella says:
así que... eventualmente me dirás... y eventualmente le diré
Yo says:
en fin, lo más sencillo es no hacer nada y pasarme por la tienda esta exótica y comprarme un juguetito lindo!
Ella says:
y mira, he dicho algo muy cierto... aquí estoy yo como imbécil escuchándote y el otro muy calientito con su mujer y el otro súper caliente imaginándote
Ella says:
así que como yo no estoy ganando nada de esto… le diré

Wednesday, June 10, 2009

Nada

Nada aquí es real, o tal vez sí.

Algo pasa

¿Qué está pasando con Meztli? No lo sé.
Tuve a bien conocer a Meztli en uno de mis días mas rosas. Literalmente. Ella no ha dejado de recordármelo a cada oportunidad. Era yo un algodón de azúcar. Tennis rosas, agujetas de ositos, calcetas rosas, pants rosas, sudadera rosa, liguitas rosas en el pelo y un par de brochecitos, porque en aquella época yo me vestía y arreglaba más cercana a los 7 años que los 18 que tenía. Ella en cambio iba deportiva en una actitud "soy cool" pero muy "nerd." Algo que solo ella logra. Aunque desde que nos graduamos de la Universidad en su caso ya hace muchos años, ella opta únicamente por el "soy cool!"

Es guapa. Sí, mucho. Tiene buen cuerpo y facciones interesantes. Cuando tuve mi época de fotógrafa le pedí ser mi modelo. Aceptó, pero luego le ganó el recato y lo más erótico que obtuve fue unas fotos en mini shorts, bikini y una par de naranjas. El toque erótico en definitiva lo daban las naranjas.

Con el tiempo me acostumbré a esa forma de ser como liga, va y viene. A veces muy cercana y luego rebota muy lejos. Yo por mi parte, tengo otras amistades con las que me siento más a gusto y cercana. Ahora, por azares del destino parece que es una de esas épocas en que está cerca, muy cerca. Más de lo que es cómodo para mí. Y eso que yo soy abierta y entregada. Simplemente sucede que cuando sé que es temporal, o que las personas terminarán por irse no me da por entregarme igual. Y Meztli se va a alejar eventualmente cuando deje de encontrar divertido este jueguito erótico pegajoso en que nos hemos metido.

Ella tampoco está cómoda. Se puede percibir. Pero insiste en actuar como si todo fuera divertido. Algún orgullo extraño. Por mi parte no hay nada qué demostrar con ella. Si quiere coger quizá se de, pero no seré yo quien insista. ¿Qué está pasando con Meztli? No lo sé.
Un día sin temerla ni deberla, comenzó un flirteo, y de pronto estaba yo en una “orgía” bajando en ella como si fuera yo una amante experta y ella mi amada favorita. No quiero decir que no haya sido agradable, sino que fue asustador como se desarrollaron las cosas.

He tenido que aclararle ya un montón de veces que no es sexo en lo que yo estoy interesada, pero parece ser que eso le molesta. Parece también que le molesta que me interese emocionalmente Eduardo y finalmente, parece molestarle que no esté yo dispuesta a perseguirla. ¿Qué quiere Meztli? No lo sé yo, ni creo estar capacitada para averiguarlo pronto…

Friday, May 29, 2009

Mañana Suave

Y si mi memoria fallara y olvidara cada uno de nuestros encuentro, cada uno de sus besos, cada una de las veces que hemos amanecido juntos, nunca querría olvidar aquella vez, a principios de mayo...
Apenas entró la luz, rodeando el contorno de las gruesas persianas, se iluminó casi por completo la blanquísima habitación. Paredes blancas que brillan y reflejan la luz del día, sábanas blancas, fundas blancas y un acolchado plumón blanco que casi nunca alcanza para taparme a mí. Como las demás veces, mi cuerpo estaba cubierto con una cobija de punto adicional, que pido para no pasar frío en la gélida habitación, helada artificialmente con el mini split que nunca sube de 25, si acaso 26 grados. Sentí su mano recorrer mi espalda y me erizé por completo. El más mínimo roce de su piel me hace ponerme alerta. Esa mañana, la electricidad recorrió mi cuerpo de pies a cabeza y sentí el enorme deseo de brincar encima suyo. Pero no lo hice, traté como siempre de contenerme un poco y ser sutil, si es que alguna vez he logrado ser sutil.
"Mi lugar" en su cama, siempre el mismo, entre él y la pared me guardaba como prisionera. No hay forma de escapar sin despertarlos durante la noche. Procuro para dormir siempre darle la espelada, para obviar su presencia y concentrarme en dormir. Trato de poner mi mente en blanco, tan blanco como todo en la recámara. La primera noche que pasé con ellos no dormí, sentir su cuerpo junto al mío todo el tiempo, me abrumó de deseo, me quitó el sueño. Desde entonces descubrí que darle la espalda me ayuda a no pensar, al menos puedo guardar mis manos y dejar de tocarlo. Por eso, esa mañana amanecí dándole la espalda, recibiendo la luz que se cuela por el resquicio entre la persiana y la ventana directamente en la cara. Sentirle me regresó al mundo de los vivos en un instante. Me di la vuelta y acurruqué mi cabeza en el hueco de su axila. Apenas me sonrió adormilado con los ojos prácticamente cerrados.
Me quedé inmóvil a su lado. Él tomó mi mano y la llevó a su entrepierna. Sentí su sexo endurecido. La ventaja de las mañanas es que una no tiene ni que decir buenos días, para lograr la hazaña. Claro, algo le hizo pensar que estábamos en igualdad de circunstancias, pero las chicas somos distintas por las mañanas. Hay algo en ese hedonismo egoísta con dejo de patanería que me encanta. La sonrisa de ensimismamiento, la actitud de autocomplacecia, el reto a mis normas autoimpuestas. Me encanta y me choca a la vez, pero nunca logro decir nada. Siempre me quedo callada, embobada, casi sumisa, perdida en el contacto con su piel. Esa mañana, tampoco dije nada, me quedé acraciándolo, exitándome poco a poco con mis pensamientos y sus eventuales gemidos. Luego volteó, pareció recordar que que alguien a su lado provocaba esas sensaciones. Besó mi mejilla.
Corrí al baño, a veces la verdadera magia de lo cotidiano son esas pequeñas interrupciones en las que hay oportunidad de recordar que no es un sueño, sino la realidad. Al regresar, lo encontré tendido boca abajo, abrazando su almohada, inclinado ligeramnete hacia "mi lado". Llevaba únicamente una camiseta de algodón, tal cual lo había dejado. Sentí ternura y deseo. Siempre siento esa mezcla cuando lo miro. Escalé la cama para poder llegar hasta él, y como no queriendo recorrí con mi mano desde sus corvas hasta las nalgas.
Me recosté junto a él, lo rodeé con mi brazo y seguí acariciando mansamente. Pasé mi mano suavemente por cada centimetro de piel expuesta. Él sonreía y seguía con los ojos cerrados, en silencio. Nuevamente me besó muy despacio. La punta de su lengua a penas rozó mis labios. Sentí en los míos la suave y dulce presión de los suyos. Fue uno de esos besos suaves llenos de ternura, esos que se dan cuando no es ni la primera, ni la última vez que besarás a alguien. esos que llenos de paz solo quieren regalar cariño. Esos que dicen cosas que las palabras no pueden decir.
Besé sus mejillas, su oreja. Acaricié su cuello, su pecho, su espalda, sus nalgas, sus muslos, tiré de él intentando transmitir el mensaje de que estaba lista para continuar. Se quedó de lado con su cuerpo muy pegado al mío.
Por medio de caricias me hizo saber que ya estaba consciente de mi presencia y que le hizo feliz tenerme allí, con él. Acarició mi pecho, mis pezones, mi espalda, mis nalgas. Regresó a mi pecho y bajó por mi vientre para entrar por mi pijama y encontrar mi vulva. Suavemente paseó sus dedos por mis labios y los separó para entrar cada vez un poco más. Mientras yo acariciaba su pene con un suave vaivén, muy suave un tanto insegura.
Volvió a besarme. Más suave, si se podía. Tanto que no podía reconocerle, por un momento me cuestioné si sería el sueño, o el intento por guardar silencio para no despertar a Michelle, pero luego me di cuenta de que él sí estaba despierto, no era sueño, era algo más. Los minutos de caricias y besos se extendieron y bailaron lentamente en el tiempo. Finalmente rompió el silencio: emitió la tan ansiada frase de cortesía heterosexual, recurrente y esperada en estos casos "¿quieres que me ponga el condón?" Esa pregunta siempre me llena de vergüenza, pero discutiré luego las razones, no ahora. Contesté que sí, y se lo puse con la pequeña rutina que hemos desarrollado para ello.
Entró en mí con firmeza y comenzó un suave y exitante vaivén. Fue dulce, tierno. Fue más de lo que yo esperaba, fue todo lo que yo deseaba. Esa mañana cogimos, pero fue diferente de todas las demás. Para mí fue distinto y por eso no quiero olvidarla. Sentí otra cosa. Esa mañana, él me hizo el amor.

Thursday, May 21, 2009

El arte de la guerra

Estoy leyendo en mi trabajo El arte de la guerra, este libro oriental que sirvio para guiar a grandes jefes de estado. Se supone que lo leyeron Napoleón y Hitler y bueno, que todo gran político debe leerlo. Allí vienen estos consejos como que debes fingir debilidad cuando eres fuerte, nunca mostrar todas tus cartas y así y así. Casandra es hija de político. Se crió leyendo a Maquiavelo y siempre ha tenido una visión clara de las cosas de la vida. Su capacidad de análisis y la frialdad con la que ve la vida me deja en una mezcla de certeza y desencanto (de la vida, no de ella). La admiro como a nadie. Creo a pie juntillas cada una de sus conjeturas. Cómo podría no creerle cuando siempre parece que sabe lo que dice. Casandra me observa con mirada fija, suspira, coloca sus dedos índice y medio en la frente y el pulgar en la mejilla, luego se agita un poco y con la misma mano, regularmente la derecha, se acaricia la frente y vuelve a posar su mano en la forma original, resopla un poco, aprieta los dientes y finalmente con voz grave y serena suelta alguna verdad. Alguna verdad absoluta. Sus verdades siempre son absolutas.
Ella conoce el arte de la guerra, y reconoce cuando alguien lo aplica. Nos ha servido en el medio del activismo. También percibe cuando alguien incluso sin saberlo, llega de forma intuitiva a ejercer poder o violencia. Se necesita una persona violenta para identificar la violencia. Hay muchos tipos de violencia. Está la física, la que acostumbramos llamar violencia, pero también hay todas esas formas sutiles, tácitas, implícitas a las que llamamos de muchas otras formas.
Dicen que en la guerra y en el amor todo se vale. También que el fin justifica los medios. Yo en cambio, a veces me da por eso que llaman ética y me encuentro un poco asustada cuando descubro que he sido víctima de violencia. No de la física, sino de la otra.
Llevo días y días y días y más días de los que puedo recordar leyendo sobre compersión. Y cada día que creo que he llegado al Nirvana, me doy cuenta que muy dentro de mí sigo siendo esa ente posesiva, monstrua verde llena de celos. Soy celosa, muy celosa. No soy celosa todo el tiempo. Ni celo sin ton, ni son. Soy celosa sólo cuando me dan motivos, y por motivos me refiero a cuando alguien viene y en mi cara suelta frases con la mera intención de miar territorios. Me encanta esa frase "miar el territorio", me parece la que mejor describe la situación.
Como Casandra anda visitándome y hemos tenido mucho tiempo de platicar, le he ido contando poco a poco las situaciones que he vivido en esta aventura poliamorosa que estoy emprendiendo. Y a veces se sorprende con mi "ingenuidad." En su opinión tengo mucha fe en las capacidades humanas. En su opinión soy medio boba por confiar tanto. le cuento los artículos que leo, le reseño los blogs, le comparto mis emociones y de pronto si suspiro le digo, "perdón, es que lo estoy extrañando un poco." Frunce un poco el entrecejo y me dice algo como: "tu sabes, Poly, antes que otra cosa soy tu amiga, soy esa amiga que siempre he sido y solo puedo decirte 'go for it', pero acuérdate que siempre he sido carrillosa y que me doy cuenta que estás contando las horas para que me vaya y puedas verlo." Luego me mira condescendiente y me da un beso. A veces, solo me da el beso, otras me aprieta la mano.
Hoy le compartí en el autobús, esa desesperación que siento por verlo y el miedo que me da que sea unilateral. Le dije que yo entiendo que todo ha sido muy rápido y que por ende comprendo que había planes previamente adquiridos en los cuales yo no me puedo acomodar. Muy sabiamente me dijo: "piénsatelo bien, Poly, porque ahorita estás jugando a la paciencia, pero luego eso se te va a ir convirtiendo en frustración si las cosas no cambian." Claro, entiendo muy bien que hay boletos comprados como con tres meses de anticipación para un evento y es natural que no haya lugar para mi en un dia preciso, porque hace tres meses no había forma de que nadie supiera que habría una relación aquí. También le expliqué que mequeda muy claro mi lugar y mi espacio porque hay días, fechas, horas y demás en donde no hay explicación para mi presencia. Y ella me ha preguntado: "¿qué va pasar si las cosas no cambian y sigue sin haber espacio para tí? ¿Te vas a conformar con eso?" Y se puso a cantarme la canción de José José de las migajas de tu amor y tal. Como estuve leyendo blogs con experiencias personales y había una en particular de una chica que prometió a su marido tener una relación primaria sólo con él y con cualquier otra persona serían secundarias, me llegó muy profunda la historia. Sobre todo, porque pasado un tiempo se dio cuenta ella de que sus sentimientos crecían y no de forma secundaria para su segundo amor.
Mis sentimientos parecen bañados en levadura. Crecen y crecen y se esponjan, y como tengo a mal hablar mucho de ellos, parece que me regodeo en ver cuánto se expanden. Anoche en la cama Casandra y yo hablamos de mis mil amores. Desde Número1 hasta su primo MNX. Hablamos de sus posibles amoras. Hablamos y hablamos y hablamos hasta que nos quedamos roncas de tanto hablar, y después cogimos. Esta semana hemos cogido como nunca. Con una intensidad desconocida para ambas. Me atrevo a decir que nos hemos redescubierto como no lo hicimos al inicio. Con una libertad plena, sin secretos, sin máscaras.
Cuando terminó de cantar y de ver mi cara de molestia por un último texto que recibí de Eduardo, me dijo al bajar del autobús: "Si yo tuviera los recursos económicos te diría'Poly, vámonos con los niños un mes a la playa' y cómo podrías decirme que no. si tengo derecho a veto y tienes que fingir que me quieres más que a nadie, cómo me dirías que no. Pero eso sería juego sucio. Lo ético sería decirte: 'Poly, platica con tu Eduardo, cómo ve que te vayas unos días'. Porque lo ético es ver por tus sentimientos, los de Eduardo, lo de Michelle, los míos, los de nuestros hijos. Lo ético es platicarlo. Me atrevería a decir, aunque no la conozco, que Michelle está jugando a no darse cuenta y seducir a su marido con 'Lalo, vamos a la Isla' o a tal fiesta o tal cosa y poner largas y pretextos para que no tenga tiempo de verte. Pero te digo, es lo que yo haría si tuviera recursos económicos y si no quisiera que estuvieras pensando en él todo el tiempo. Ya ves lo que dicen en la guerra y en el amor todo se vale."
Y luego pasó su mano por su frente y resopló otro poco. Claro, ella no conoce a Michelle, ni ha leído los artículos de compersión que le he recomendado, ella no cree que un hombre pueda tener algo más que interés sexual en una mujer, y bueno, está intentando darme por mi lado en todo este rollo sin verse muy preocupada o celosa o cualquier cosa. Yo por mi parte, acabo de sentirme nuevamente invadida por ese monstruo verde de celos, me he puesto a pensar nuevamente en ese asunto que pensaba olvidado de la Isla hace dos semanas, me he sentido violentada y como no creerle a alguien que ve las cosas fría y analíticamente desde afuera cuando dice literalmente que se han miado en el territorio para recordarme mi lugarcito afuera de él. Intento, de verdad intento sentir la dichosa compersión, y quiero creer que estos N días sin ver a Eduardo han servido para su felicidad y crecimiento personal, ¿pero y qué hago con mis locas ganas de verlo ya mismo? En fin, que de verdad no quiero estar todo el tiempo esperando en el rincón como la muñeca fea para cuando tenga un ratito que darme. Menos cuando en alguna de las conversaciones víamessenger enla distancia que tuvimos él me dijo aquello de "luego me cuantas cómo nos ayuda que Michelle esté enojada contigo." Lo cual significa que además de todo tengo que tener feliz a todo mundo. Creo que a mi El arte de la guerra no me está sirviendo de nada y que Casandra tiene razón en una verdad absoluta: yo soy muy ingenua.

Monday, May 11, 2009

Extrañando a dos

Me voy a enfocar en lo positivo. Amar a dos no es fácil. Menos cuando no la veo a ella, ni a él. Casandra en otra ciudad estudiando y Eduardo viajando por vacaciones múltiples. Luego yo, con una vida social atravesada y las cosas políticas demandantes. ¿Cuándo los voy a ver?
Pero entonces pienso en la mujer más maravillosa del universo, amándome porque sí. Sólo porque le gusto y le complace mi presencia en su vida. Pienso en cómo me extraña. En cómo cambió su vida para meterme en ella. En cómo me dio el regalo más grande que tengo en la vida: mis dos hijos! Pienso en cómo clava en mi su mirada como si no hubiera nadie más en el mundo y en cómo modula su voz para decir mi nombre en diminutivo. Cierro mis ojos y puedo sentirla compartiendo mil y un locuras. Siento su fe en mi. Eso es lo que más me llena, toda la fe que pone en mí. No en algúun logro, o una obra, sino en mi persona. Ella tiene fe en que SIEMPRE voy a estar con ella. Normalmente no es agradable que te den por sentada, pero en el caso de Casandra, es algo reconfortante, porque ella no confía ni en su sombra, y sin embargo confía en mí. Soy codependiente, me gusta sentirme necesitada.
Y luego, por otra parte, pienso en él, que no tiene necesidad de meterle complicaciones a su vida y sin embargo me involucra a mí.
Hace unas horas platicaba por messenger con Meztli. La agarré de confidente. Me preguntó:
Meztli - says:
te estas enamorando?
Meztli - says:
ilusionando?
*Poly* - says:
Es sólo que hay detalles que me destantean, y luego otros que me ubican de nuevo en la realidad y es rarísimo...
Meztli- says:
qué detalles te destantean?
*Ploy* - says:
O no sé, que me tenga paciencia! ja ja ja, siempre me intriga cuando alguien me tiene paciencia!
Meztli- says:
ahhh ok
Meztli - says:
yo te tengo paciencia?
*Poly* - says:
Cómo que mi parte desconfiada se pregunta "por qué?"
Meztli- says:
porque te queremos
Y yo, la verdad, no supe qué decir. Meztli no es la persona más indicada para este tipo de conversaciones. Ni si quiera creo que su gama de emociones abarque el punto en el que podría empezar a entenderme. Un día le dije "tu y yo podríamos ser las mejores confidentes y entendernos por estar en situaciones similares." Y aún así, eligió mentirme en una "confidencia" cuya fuente yo ya tenía clara. Así pues, me doy cuenta que aunque yo quiera no puedo pedirle más que un rato de buen humor. Pero lo relevante de nuestra conversación de hoy en el messenger es que cuando me preguntó directamente las acciones que me enamoran, no se la pude compartir.
No pude hablarle de las miradas. No pude decirle: "la forma en que me habla" o "el tiempo y mensajes que me dedica." Ni mucho menos: "los problemas en que se mete por mí con Michelle." No pude contarle nada. Pero tampoco es algo que yo pueda responderme a mí a la primera.
Llevo dos días intentando escribir una carta de amor. Por cursi que soy, y por ejercicio mental. Pero después de dos borradores y un montón de devenires, no tengo idea de qué poner. Lo que siento en un momento no es que cambie al que sigue. Lo que siento permance, lo que cambia es mi capacidad de compartirlo. Hay días que me siento inmune, como si pudiera decirle lo que fuera. Y hay otros en que tengo miedo de decir algo "inadecuado." Y la ñora de ochenta que vive en mi cabeza grita "todo es indecente e inadecuado en esta relación, jovencita!"
Pero me exita, me encanta, me hace conservar una nueva ilusión. Me gusta. Me gusta su cara, me gustan sus manos, me gustan sus ojos. Me gusta. Y a parte, me gusta él. Es decir, su forma de ser, su forma de hablar, su manera de pensar y de actuar. Es simple: me gusta. Y me siento la más ridícula: como si estuviera a punto de llevarle una serenata: "que por qué te quiero... son mil cosas a la vez!" ... Y yo con una voz ronca elevo mi canto al cielo, esperando que la luna le lleve los acordes, y me rio de mí misma y lo ridícula que soy.
Le quiero lo suficiente como para realizar rituales estéticos-sociales completamente fuera de mi ideología feminista (i.e. pelearme con el rastrillo en la regadera!). Y le quiero tanto como para aguantar las cucarachas que caminan junto a la compu por las noches cuando vengo a platicar con él por messenger. Y alguna persona suspicaz dirá: pero por Casandra también lo harás, ¿no? Cabe recordar que ella también es feminista. Aunque bueno, lo de las cucarachas claro que también lo hago por ella. Claro, que cabe decir que ella es la que se ha chutado más bichos por mí que yo por ella, en fin, creo que ella me quieres tres cucarachas y unas cuántas hormigas! Eso es amor!
Ese dicho ridículo de te quiero de aquí a la luna y de regerso, me queda corto. Creo que tengo una nueva medida: "te quiero dos cucarachas encima!" Soy disgustante lo sé... son los estragos de los desvelos y la pobreza.
Había una película situada en NY que trataba de cucarachas parlantes, era simpática. Y no hablo de Mimic... Faltaba más! Ahora cuando pienso en los amores de mi vida voy a pensar en plagas! Porque también cuando veo ratas pienso en Número1 y no porque sea yo una grosera insultante, sino porque había un ratón en su casa y le daba miedo. Y bueno, una prueba de amor de su parte era quedarse al teléfono horas, aún sabiendo que podía salir "Mickey" en cualquier momento de su guarida. Quizá lo significativo de estas desvariantes anécdotas es como los miedos más bobos y las emociones más ridículas terminan uniéndonos a las personas que queremos.
En fin, aprovecharé nuestros desencuentros y la falta de actividades en tiempo "real" es decir mi periodo vacacional y de espera, para postear muchas entradas viejas guardadas en mi libreta. También aprovecharé el tiempo para pensar una rsepuesta a las preguntas de Meztli. Sirve que mientras reflexiono me siento llena de ella, llena de él y no estaré tan sola mientras extraño a dos!